olvidos

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Casi había vivido toda una vida, de hecho para los ojos del resto la había vivido ya toda entera, pero él aún sentía que le faltaba vivir media, esa media en qué había estado tan lejos de ella.

Cada tarde cogía su coche, ya viejo igual que él, y la visitaba en su mundo de paseos y atardeceres rojos y anaranjados, de aviones sobrevolando sobre su cabeza soñadora, de tardes de invierno a orillas de su mar azul, celeste, turquesa, cobalto, su mundo de recuerdos casi en el olvido.

Ella moriría sin saber si la llegó a amar nunca. Él moriría sabiendo de todo el amor que ella guardó para él.

diciembre 2014

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