el viaje [1]

Estanys de Sils 17-12-13 2

Cogió el primer tren con destino a ninguna parte, su corazón seguía haciendo de las suyas, y como tras cada huida, dejando rastros del que nunca volvería a ser. A veces su mente soñadora imaginaba a un coleccionista de trozos de corazones rotos, como Nino en Amélie coleccionaba las fotos desechadas en el fotomatón, pedacitos de la vida de otros. A lo mejor algún día lo tendría que buscar si le hacía falta uno nuevo, aunque fuera montado a piezas.

Esta vez arrastraba una maleta vacía, como dice la canción, desnuda igual que nació. Siempre le gustó esta canción, el irse a vivir a otra vida sin llevarse nada de lo que ya es pasado. Puede que esta vez la huida hubiera sido a tiempo.

En el compartimento del tren encontró ya instalados los que serían sus compañeros de viaje, una mujer con dos chicos de edades pubescentes. Al saludarla observó su equipaje de mano, no era tan ligero como el suyo, ella viajaba con pasado, presente e incluso puede que con futuro. Se sorprendió verla emprender aquel viaje, pero a su vez se alegró de su compañía, se la veía una mujer afable.

No era mucho lo que esperaba de aquel viaje, ni tan sólo llegar a ninguna parte, pero si el sentir como su corazón va sanando de los rasguños de esas vidas ya vividas, y que el tren arrancara de una puñetera vez. Llevaban ya media hora de retraso, temía que en cualquier momento su vida anterior la pudiera volver a buscar. A diferencia de ella a su compañera de viaje se la veía más tranquila, durante la espera a la partida del tren estuvo escribiendo en una libreta. ¿Un diario de viaje? Siempre le hubiera gustado escribir un diario, pero era un desastre en constancia y nunca lo logró.

-¿Qué escribes?

-Poesía. ¿Quieres que te lea un verso?

-¡Si, por favor!

-‘Que el frío arrope mi piel de tus caricias, mis labios de tus besos, mi corazón de sentir.’

-¡Es precioso!

-¿Te gustó?

-¡Si, mucho! ¿Qué te llevó a escribir?

-Fue una necesidad, una forma de decir sin hablar, de sentir sin tocar, de amar sin esperar, de vivir para no morir.

En ese instante se hizo un silencio sepulcral entre ellas en la cabina, tan sólo roto por los sutiles clics de la consola de los muchachos y el inicio de la marcha del tren, de un camino que por alguna razón sentía que las dos lo harían sobre los mismos pies.

enero 2015

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