el viaje [2]

Hoy era el primer día del resto de sus días, donde empieza una semana, un mes, un año, una vida que elige vivir a su manera, a pesar de las muchas bifurcaciones del camino, con sus subidas y bajadas, donde caer para volver a levantarse. Siente que la vida de uno puede llegar a ser muy valiosa una vez despojada de todo aquello inculcado que la hace desmerecer, que el pasado no condiciona el presente, y el futuro aún está por escribir, es futuro.

Su tren acababa de arrancar, y su compañera de viaje seguía garabateando sobre su papel en blanco, esa historia que también ella quería escribir a su manera, aunque fuera con ese equipaje de mano un poco más cargado. Los muchachos habían dejado la consola a un lado y con sus narices pegadas al cristal veían pasar el paisaje a la velocidad del tren, arboledas de zonas húmedas aún cubiertas por la niebla matinal.

Ella también iba con su inseparable, una cámara con la que hasta entonces había captado su día a día, sus cielos, su mar, sus sentimientos. Sus fotos eran transparentes como su alma, frágiles como su corazón, y a pesar del tiempo todo seguía imperturbable en ellas. A partir de entonces serían testimonio de aquel viaje, junto a las letras de su querida compañera.

enero 2015

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