mi vida sin ti

​​21 de Marzo de 2015

Sábado. Amanece lentamente bajo un temporal de lluvia y viento. Parece que el tiempo está en consonancia con mi estado de ánimo, pienso mientras releo desde mi móvil correos escritos durante estos últimos tres días. Me decía G. que el tiempo no lo cura todo, tan solo lo deja enterrado por otras historias, vivencias, como aquel que sube al desván aquello que ya no nos es de utilidad, se llena de polvo con el paso de los días, los meses, los años, pero nunca desaparece de nuestras vidas, sigue ahí, lleno de polvo, pero ahí. Puede que algún día vuelva a estar presente, pero si no es así, estoy convencida que nos seguirá acompañando, siempre.

La mañana ha ido pasando sin hacer mucho, como aquel que deja pasar el tiempo, que vaya haciendo a su merced. Siguieron las lágrimas, entre correos, una foto, su ausencia.

Puede que sea hora de contar qué sucedió durante estos días con T., quién se alejó de quién, o puede que no nos alejáramos ninguno de los dos, seguimos ahí esperando el siguiente paso. Jueves y viernes avanzó con distanciamiento, puede que más mío que suyo, yo por respeto a él con todo lo sucedido y necesidad de tiempo, todo era ya demasiado, y él por prudencia y dejarme espacio. Me pidió que se le contara todo personalmente el sábado cuando nos viéramos, pero el viernes nadie habló de vernos. El viernes le di las buenas noches desde casa de Ana, tarde, y me dijo que se pensaba que me había olvidado de él. No me olvidé, pero mi tristeza me alejó. Hoy no le di los buenos días, ni él a mí, y sobre las tres y media escribió. -¿Qué haces? ¿Cómo estás? ¿Deseas que venga a hacerte un poco de compañía? ¿Vamos al cine? No tengo mucho tiempo, mi hermano se puede quedar sólo un rato con los niños. No te preocupes, otro día. Cerramos conversación, y al rato le digo que si se viene y damos un paseo, a la vez que él ya está de camino, sin saberlo yo, y me dice que de acuerdo. Me meto en la ducha y en veinte minutos me dice que ya ha llegado. Cuando voy a por él le digo que ya estaba de camino mientras hablábamos, sonrío, sonríe. En casa le cuento todo, año y medio, escucha, comprende, aconseja, abraza, me pide que no llore, no puedo, no me quiere ver triste, no es malo estar triste. Me dice, -Gemma, escríbele cuando tengas necesidad, una vez a la semana, cada día, cuando quieras, puede que algún día él te necesite. Yo estaré, si me necesita yo estaré. Esta vez lo siento cercano, aunque necesitamos nuestro tiempo, puede más yo que él. Miedos, demasiados miedos me rodean. Me dice que me puede ofrecer poco, pero que cualquier cosa que necesite, me ocurra, lo llame, estará. Despacio, sin prisas, si no nos vemos una semana nos vemos la otra, estamos a gusto cuando estamos juntos. Palabras lanzadas al vuelo, para proteger nuestro corazón, para no quebrarlo más de la cuenta.

Mi día termina, con menos lágrimas. El caracol cuelga de mi cuello, siempre.

Feliz noche.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s