la indecisión

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Lo encontraba cada día en lo alto de las escaleras para subir al andén, esperando el tren que hacía su último trayecto del largo viaje que lo llevaba cada día del trabajo a casa. Lo conoció un día en uno de esos trayectos de regreso, mientras los dos eran testimonios del mundo insolidario que a veces nos rodea, pero esto es una historia para otra historia. De aquel día al segundo encuentro pasó un tiempo, fueron hasta entonces dos pasajeros más de los trenes de cercanías, una conversación casual entre desconocidos, que probablemente nunca más se volverían a ver, igual que no se habían visto antes.

Un día cualquiera de los muchos, mientras subía las mismas escaleras de siempre, cansada tras su jornada laboral, lo vio ahí, a la vez que él le decía, -¡mira, la buena samaritana! Esto venía a cuento de la historia para otra historia, pero ella le sonrió, últimamente parecía que Dios le ponía a prueba constantemente.

Y desde entonces, cada tarde, día tras día, ahí estaba, en lo alto de las escaleras que llevaban al andén, esperando el tren que hacía su trayecto de regreso a casa.

Conversaban, reía con él, aunque no le atraía físicamente, lo digo porqué últimamente su soltería le hacía estar en alerta máxima. Hasta que un día se dieron cuenta, mientras el tren hacía su camino, que compartían afición, escribir, relatos de amor y desamor para ella, novela negra para él. Para ella era importante encontrar a alguien que entendiera su loco mundo de las letras y la fotografía.

El mismo día del encuentro de aficiones le propuso mandarle su novela sin terminar por correo, – te la lees y me dices que te parece. – ¡si, claro!, le dijo ella, pero bajó del tren sin esa dirección de correo electrónico. Él nunca se la dio, ni ella nunca se la pidió. A partir de ese día no compartieron más vagón, sólo esos minutos de andén, al llegar el tren él se iba hasta los últimos vagones porqué le era más fácil para hacer el trasbordo in extremis que los ferrocarriles le tenían preparado cada día, y ella se quedaba con sus compañeras de viaje.

Un día de los muchos él le dijo, – mañana es mi último trayecto, se terminó mi contrato laboral de invierno, empiezo temporada de verano por otras tierras, otros lugares. Le deseó suerte, y no lo vio más, ni el día de su último trayecto, sin pensar que hoy echaría en falta esos breves minutos en el andén, charla, risas y miradas.

abril 2015

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