poniéndo-me-te al día

La semana empezó bien, la seguí dando vueltas y la continué intentando mantener todo en su sitio. Hoy he salido a andar y el mundo me ha parecido demasiado grande, puede que incluso abrumador, es lo que tiene después de muchos días acostumbrada a las distancias cortas. Aún y así todo va bien, la espalda después de meses empieza a regalarme olvido, y aunque no voy a enumerar de muchas otras nuevas dolencias, soy feliz, a mi manera.

Me voy acostumbrando a la dieta, aunque más que nada a las horas de cocina que me alejan de aquellos proyectos que mi cabeza construye. Esta semana por fin he podido terminar la cartera para las tarjetas, que pedían a gritos en medio del caos que era la anterior. La economía doméstica llega para más pero no para todo, y hay que crear para terminar de llenar el tarro de los básicos. Algún día habrá equilibrio, pero mientras puedo decir que no hay nada que me llene más que el camino hacia él.

He decidido no renovar mi móvil, aunque sólo sirva para llamadas telefónica, suficiente para mi tarro de los básicos, suficiente para escuchar a las personas, mirar hacia arriba, y no hacia abajo, sin perderme ni un detalle del paisaje.

También he practicado el desapego, la desculpabilidad, el despreocuparse, el desaprender, el andar descalza. Todo mientras el universo nos regala una superluna.

la-semana-de-la-superluna-1

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