365 días en la casa del refugio

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Nü me tiene ocupada, araño tiempo al tiempo para no abandonar estos lugares, donde voy dejando mis huellas, hilos de esta telaraña que voy dejando tras mis pasos hacia delante, seguramente para un día poder tirar de ellos, sólo un instante, recordar. Aunque lo que más me gusta, al terminar un año, es hacer de las imágenes mosaicos, más que releer mis letras, me parecen más profundas y a veces siempre prefiero no volverlas a sentir. Hoy así soy feliz, y para algo he decido dejarlas atrás, definitivamente.

Estas Navidades, puede que unos días antes, decidí pude desvincular mis sentimientos de algunas personas, quiero decir que ya no me hacen daño, no me duelen sus cambios de actitud hacia mí, o el “la próxima semana te llamo y te pasas un día”,  y ya van tres semanas, ¿o son cuatro? También sus palabras, o letras, porqué también los hay que un día perdieron el habla, y con ella se fue también su amistad mí amistad. Así conseguí pasar unas buenas Navidades, con quien más quiero, no preocupándome por aquello que ya no existe. Y no fue algo premeditado, solo que un día sentí la despreocupación, el andar más ligera, que ya no me importaba que hicieran durante sus días, distinto a que no me importaran algunos. Y esto es el desapego, algo que tanto me ha costado practicar durante estos últimos años, y de lo que ya he hablado en alguna que otra ocasión.

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