J.

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Hace unos días que me voy abajo. Los quehaceres diarios me vuelven a levantar, pero la calma del fin de semana me sumerge de nuevo a #miestadodetristeza, aunque más controlado que tiempos atrás, a diferencia de #miestadodefelicidad, siempre paseando por las nubes. Pienso que de ahí vienen estos aterrizajes forzados, demasiado arriba.

J. ha vuelto a mi cabeza, como volvieron las flores a los almendros con la nueva primavera, ese olor a #primaveraverano2015 que quedó impregnado como un tatuaje bajo mí piel, el sinsabor de #unarelaciónsinsentido desde el otro lado de la tierra, hacia una Ítaca que nunca alcancé.

J. apareció en mi vida virtual en la primavera de 2013, pero fue tras el verano cuando el sinfín de palabras encadenadas nos atrapó  me atrapó en su red, esa red que tejió con mi alma durante los tres meses siguientes. Y tras ellos llegó el día, el día que en una fría habitación de hotel empezó a escribir su #crónicadelamuerteanunciadadeunaamistad.

Y llegó Navidad, y con ella regalos, llamadas, más palabras encadenadas, fotos y más regalos. Semana Santa, sentimientos a medio camino, mi aniversario, vacaciones en el mar, un estoy dislocado, estaré bien. Y encuentros con desconocidos, con uno, con dos, a la vez, golpes, manipulación, vacío, otra Navidad y, #dejarderespirar.

Y dejé de respirar para mí, sin darme cuenta de la cuerda floja por la que deambulaban mis pies, al filo del precipicio en que estaba mi vida entonces, agarrándome a esa mano que a las puertas de una nueva primavera me soltó, cayendo al vacío, mi propio vacío, que nunca quise antes tocar porqué existía J., aunque fuera irreal, donde todo iba en una sola dirección, él ponía las normas y yo las aceptaba.

Y un día desapareció, sin más, sin explicación alguna, y tras ello meses de angustia, dolor, vacío, arrepentimiento y cicatrices que sólo una nueva relación sana podrán borrar, sino quedarán ahí para siempre, en mí. Y aunque un año y medio después quiso darle una mano de pintura a todo mi dolor, yo ya estaba viviendo mi #nuevavidareal, lejos de la red.

Como me dijeron una vez, no hay historia más verdadera que la que uno mismo vive, la más importante, y esta es la mía, la que viví desde este lado de la pantalla.

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