regreso en paz

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No sé si voy a poder escribir más de diez palabras sin soltar lágrima, hoy desde que me levanté las emociones inundan mis ojos, ya me conoces, ni si debería hacerlo, seguramente no, porqué de eso se trata la terapia, superar la dependencia emocional y de autoestima, y si hasta hoy desde que empecé no lo había hecho, hoy aun menos. Pero dicen que la recaída está contemplada, si uno se vuelve a levantar. De momento cogí libreta y lápiz y aquí estoy, vaciándome.

Regreso a casa después de una semana en Guipúzcoa, un viaje que he hecho sola tras la necesidad de recoger algunos hilos que tenía sueltos por estos lugares. Te diré que he recogido algunos, cosido heridas, pero tengo la sensación de haber tendido muchos más, que me ayudarán a seguir el camino que poco a poco voy trazando a medida que avanzo, con alguna que otra ayuda.

Y de este camino surge el viaje, feliz cuando llegué y feliz al irme pensando en volver, aunque con el corazón en un puño.

De lo más bonito, la sensación de no haberme sentido sola a pesar de haber venido sola, ese fue mi pensamiento ayer en Donosti en el peine de los vientos, donde me percaté realmente de como me encontraba,  de que todo salía desde mi interior, de esta fuerza que me está ayudando a salir a la superficie, de ese hoyo que nadie puede ver, que voy cavando bajo mis pies, y sobrecompensando, no demostrar lo que se cuece dentro.

Me he cruzado con personas anónimas, algunas ahora ya no, que me han ayudado a disipar dudar, tomar direcciones y que me han llenado un poquito más el corazón. 

Y ahora deseo haber podido cerrar esa pequeña grieta que aun sentí el día que estuve en Vitoria, con el paso de los días lo sabré,  y si queda ahí para siempre que sea para ayudarme a hacer las cosas un poco mejor, porqué al final creo que ni tu ni yo lo supimos hacer de otra manera.

6 de agosto de 2017 – Donosti

abandonar un sueño

desencuentros

Hoy te escribo mi última carta, abandono un sueño, o una ilusión, sencillamente un te quiero. Por qué no te quiero tuyo, sino nuestro, un nuestro que no existe, un tuyo que me destruye.

Hoy me siento la única responsable de que aún existas en mi vida, porqué si hubiera podido querido soltar la mano lo habría hecho, pasar página, olvidar. Pero no, si estás es porqué te invoco, así me lo decían decía ayer en terapia. La foto no era para mí, sino para ti, como tantas otras, otras letras, citas, bofetadas, golpes y orgasmos, que te regalé a golpe de teclas.

Hoy te quiero recordar como antes de aquel dos de diciembre, antes de navidad, semana santa, mi aniversario, agosto, borrar lo invivible, aquello que nunca tuvo que suceder, pero sucedió.

Hoy dejo de escribir estas cartas, que dejaba aquí porqué sabía que tendrían la misma respuesta que tendrían si te las mandaba a tu buzón. Aquí dolería todo menos, pero sigues doliendo, aunque menos, pero ya se ha convertido en un sinsentido.

Hoy siento que siempre seré la cara B de tu vida, la de ayer, hoy y siempre pero en la oscuridad de tus mazmorras.

Por eso me suelto, ya, siempre.

sincericidio

nunca más permitas que nadie te haga sentir así, no hay persona en este mundo que lo valga

Hace un par de días, poniendo orden a mis escritos, me reencontré con estas fotos estos sentimientos. No sé si decir que ya estoy bien de todo aquel tiempo, no lo sé, dicen que el cerebro necesita dos años para recuperarse de un golpe, y yo me di bastantes, pero si que la distancia me ha dado serenidad, paz, el tiempo me ha ayudado a andar despacio, y he aprendido a discernir lo sano de lo tóxico. Por fin aprendí que eras eres toxicidad, el chapapote que algunos días siento no haber vertido del todo, porqué en mi mente aun hay islas, sin puentes ni barcos para poder conquistar, islas que imagino llenas de maleza, tal y como tu me enseñaste a imaginar.

Leer estos sentimientos me entristecen, porqué sé todo el dolor que hay detrás, las lágrimas, como perdí mi realidad de vista, y por eso los tenía que publicar, para no olvidar que no hay nadie en este mundo que lo valga.

febrer 2017

9-escritura-en-resumen

primavera-verano 2015

mi isla

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‘Olivia començó a llorar’.

-¿Por qué lloro, mama? Si estoy muy contenta…

-Porqué estás muy emocionada. A veces se llora de alegría.

-Entonces, ¿es bueno?

-Claro mi amor, muy bueno.

La isla de Alice – Daniel Sánchez Arévalo

Página 596. Mis ojos se empañan, de una fina capa de lágrimas resistiendo al precipicio que son mis mejillas. Las letras desaparecen ante mi, pero lo quiero terminar, también es mi isla, nuestra isla, la que andamos buscando todos un día u otro. Me seco las lágrimas con la manga del jersey y sigo, hasta el final, un final inesperado, pero que me esperaba, a mi.

Entró en mi vida por segunda vez buscando en los estantes de la biblioteca otro libro qué leer. La primera llegó a mis manos en formato digital, un nuevo regalo, uno de tantos que no quería, pero que nunca te dije no querer. No lo leí, no pasé de Moby Dick, y me desprendí de él, igual que tantos otros recuerdos de ti. Pero ese día en la biblioteca lo retiré de la estantería y lo apilé a otros tantos libros que me habían atraído. Me sentía con fuerza.

Lo empecé pronto, y me enganchó, me atraparon ya las primeras páginas, a lo mejor porqué la búsqueda de Alice se parecía demasiado a la mía, o porqué aquella segunda oportunidad me tenía que llevar irremediablemente hasta el final, a tu Barbara.

A veces siento que hay libros que tienen que llegar a ti de manera casi inevitable, más tarde o más pronto, y La isla de Alice era uno de ellos, una cuenta pendiente, una puerta que cerrar para poder abrir otra.

‘Vi los dos capítulos finales de “Breaking Bad”, y me los pasé enteros llorando por Chris y por Walter  White, pero me puse muy contenta porque terminaba como tenía que terminar. Y es fundamental en la vida que las cosas terminen, y que terminen como se merecen terminar, aunque no sea del todo bien’.

La isla de Alice – Daniel Sánchez Arévalo

poniéndo-me-te al día

La semana empezó bien, la seguí dando vueltas y la continué intentando mantener todo en su sitio. Hoy he salido a andar y el mundo me ha parecido demasiado grande, puede que incluso abrumador, es lo que tiene después de muchos días acostumbrada a las distancias cortas. Aún y así todo va bien, la espalda después de meses empieza a regalarme olvido, y aunque no voy a enumerar de muchas otras nuevas dolencias, soy feliz, a mi manera.

Me voy acostumbrando a la dieta, aunque más que nada a las horas de cocina que me alejan de aquellos proyectos que mi cabeza construye. Esta semana por fin he podido terminar la cartera para las tarjetas, que pedían a gritos en medio del caos que era la anterior. La economía doméstica llega para más pero no para todo, y hay que crear para terminar de llenar el tarro de los básicos. Algún día habrá equilibrio, pero mientras puedo decir que no hay nada que me llene más que el camino hacia él.

He decidido no renovar mi móvil, aunque sólo sirva para llamadas telefónica, suficiente para mi tarro de los básicos, suficiente para escuchar a las personas, mirar hacia arriba, y no hacia abajo, sin perderme ni un detalle del paisaje.

También he practicado el desapego, la desculpabilidad, el despreocuparse, el desaprender, el andar descalza. Todo mientras el universo nos regala una superluna.

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