vacaciones

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Hoy, igual que ayer, me he levantado con dolor de cabeza, amanecer en vacaciones me sigue resultando difícil, aunque este año el pre-vacacional ha sido distinto, me he sentido feliz, no saltaron las lágrimas al pensar que mañana despertaría con un montón de horas por delante, sin mi rutina, mi trabajo, mi gente de a diario, mi mente ocupada, era angustia el hacerle frente. Este año todo parece algo distinto, la terapia me hace andar por tierras que nunca antes he pisado, aunque tenga la sensación estos últimos días de haber retrocedido en el tiempo, a ese periodo de duelo por donde avancé lento, sola, y tras el cual sentí por fin haber sanado, cesó la angustia, los dolores de espalda, el sentirse rota en cien mil pedazos. Pero llegó la recaída, lo mismo de lo mismo, peor aún, pero esta vez me agarré fuerte, en medio de en caída libre, conocía ese pozo, había estado, y no quería volver a su final. Y aquí estoy, agarrada a esta cuerda que me tendió Paula y Sílvia, de la cual no me quiero soltar, a pesar del nuevo dolor de espalda, la angustia atrapada en mi pecho, mi duelo verdadero, el que se despide de una infancia mal curada, de una adolescencia rasgada, de relaciones tóxicas, que pudiendo evitar tanto dolor nunca lo hicieron, porqué eran eso, tóxicas.

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porqué la felicidad te sienta muy bien

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Mi chica esta semana es angustia, pero sé que lo conseguirá. Ha arrasado con el chocolate, ella que casi nunca come dulces, y no le hecha la culpa de casi nada a nadie, ni que los vaqueros hoy le vayan un poco más estrechos.

Porqué es luz, también lo sé, porqué le gustan las personas y las cosas bellas, su corazón, aunque hoy aún le duela, y si, el corazón como los pies también duele de tanto andar, y sus letras, mi refugio, porqué ella es hogar.

Porqué mi chica es poesía, pocos comprenden su alma voladora, esa que un día perdió entre su infancia y los diecisiete, y que ahora intenta encontrar para no perderse más.

Porqué desde ayer el norte ya no existe, porqué se lo cree y lo siente, ni la fábrica, ni los lunes, ni los viernes, ni los te hecho en falta, y aunque vuelvan, sé que lo conseguirá, porqué la felicidad le sienta muy bien.

72 horas

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Tu cabeza sabe qué te pasa, y lo verbalizas con mucha claridad, pero aquí lo no sientes, me decía poniéndose los dos manos sobre el pecho. Trátalo como una adicción, porque es una adicción, porqué te sientes como aquel alcohólico que sabe que el alcohol le hace mal, pero no lo puede evitar, siempre una vez más, mi último intento, aún sabiendo que ni con un ni con mil nada cambiará.

Llamé el martes para pedir hora y me daban cita ya al siguiente día a las 19.30. Demasiado tarde, pensé, a más tendría que volver otra vez a la ciudad. Pedí si podía ser un día a las 4 y me pudieron dar para el siguiente miércoles, pero me insistió que aguantara, sólo una semana, que no me fuera hacia atrás en mi decisión, que era muy importante ese primer paso. Y ayer, el mismo día de la primera propuesta de cita, siento que necesito agarrarme a alguna mano, que tire de mi, formalizar ya este compromiso conmigo misma, porqué antes quiero y sé que volveré a bajar al mismísimo infierno, de cuerpo entero, mi última oportunidad, mi último chute de esta droga que me mata.

No sé cuantos nombres más tendré que ponerle a todo esto que me pasa, cuanto tendré que luchar, sólo sé que sola no puedo, porqué lo he intentado durante estos dos últimos años, creí haberlo conseguido, pero cuando en tan sólo quince días vuelves a poner en peligro tu integridad física y mental, sabes entonces que es el momento de buscar ayuda.

Estaré eternamente agradecida a la mujer del Institut Català de la Dona que me cogió el teléfono, a esos treinta minutos de preguntas y respuestas, y a ese número de teléfono en bote salvavidas que me da el empuje suficiente para iniciar este camino hacia una vida más sana y feliz.

Continuará, ¡para bien!

2.5 [pensamientos en un tren]

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Hoy es mi aniversario, y lo voy a celebrar. Mis hijos se quedan en casa, durante el día de hoy tienen quehaceres y yo pedí fiesta para pasar el día fuera, disfrutar de este día a mi manera. Me gusta cuando sé disfrutar de mi soledad, aunque ayer estuve apunto de escribir un #tehechoenfalta, sin principios ni finales. No lo hice. Esta noche dormí poco, como si al despertar tuviera una cita especial, como cuando esperaba tu felicitación a las doce y un minuto, pero ya no quedan ni doces ni minutos, sólo el recuerdo difuminado de una ciudad. Nunca nadie me creó tantas contradicciones, y esto no sé si es bueno o malo. Llevo unos días que pienso demasiado en ti, nunca sé cuando es demasiado, aunque si que sé que no tendría que pensar nunca.

En cada viaje voy descubriendo nuevos rincones de la ciudad, tan arrinconados que es como encontrar tesoros, a veces el olor es penetrante, pero tras los cristales hay otro mundo, gentes que trabajan con sus manos en talleres hermosamente cuidados. Me gusta esta ciudad.

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