olvidos

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Casi había vivido toda una vida, de hecho para los ojos del resto la había vivido ya toda entera, pero él aún sentía que le faltaba vivir media, esa media en qué había estado tan lejos de ella.

Cada tarde cogía su coche, ya viejo igual que él, y la visitaba en su mundo de paseos y atardeceres rojos y anaranjados, de aviones sobrevolando sobre su cabeza soñadora, de tardes de invierno a orillas de su mar azul, celeste, turquesa, cobalto, su mundo de recuerdos casi en el olvido.

Ella moriría sin saber si la llegó a amar nunca. Él moriría sabiendo de todo el amor que ella guardó para él.

diciembre 2014

cómplices

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Brick hacía tiempo que no se mantenía sereno ni un solo día, Skipper ya no estaba, y se había abandonado definitivamente al alcohol, le ayudaba a olvidar aquella noche fatídica y el hecho de no volverlo a ver nunca más. Como cada noche Maggie le subió una botella de bourbon, pero no lo encontró dentro la habitación, la suave brisa entraba desde el balcón abierto, haciendo revolotear las cortinas. Recogió la botella y los vasos vacíos que restaban sobre la cómoda de todo el día y llenó dos vasos nuevos. Antes de subir a la habitación también cogió unas cuantas galletas que aún había en bandejas en el jardín, de la fiesta de cumpleaños de Harvey ‘Big Daddy’ Pollitt. Lo encontró sentado en el suelo de la terraza, abandonado en sus pensamientos. Maggie se sentó a su lado, le dio uno de los vasos de bourbon y dejó el plato con las galletas en el suelo. Apoyó la cabeza sobre su hombro. Aquellos momentos de silencio entre los dos siempre habían sido mágicos, sin decir nada cada uno sabía lo que quería decir el otro, sin decir nada se lo decían todo. Pero a pesar de aquella complicidad del largo de los años Maggie sabía que el corazón de Brick nunca había sido del todo suyo, aunque nunca se lo había dicho. A la vez, cada uno cogió una galleta del plato, el roce de sus dedos hizo que se mirasen unos instantes, una lágrima bajaba por la mejilla de Brick. Ella se aferró a su brazo, fuerte, le quería decir que comprendía su dolor, lo compartía. Él la acercó aún más a él, le pasó la mano por su cabello, cómplice.

noviembre 2014

él

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Recuerda cuando lo vio por vez primera, y última, a veces una única vez en la vida es suficiente para ser eterna. Recuerda sus palabras, su mirada, sus labios, besos guardados en bolsillos  donde meter la mano y sentir el latir de los corazones, la fuerza de su recuerdo. A veces cree sentir que aquel día, aquel lugar, aquel recuerdo, él es el motor de su vida.

noviembre 2014