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“Hilvanar: Unir con hilvanes lo que se ha de coser después.”

Aún conservo, y que vuelvo a usar desde que  soy hippie* somos más sostenibles, la primera pieza de ropa que cosí cuando apenas levantaba unos palmos del suelo, una bolsa para ir a comprar el pan. Desde esos veranos he crecido unos cuantos palmos, y nunca, con más o menos frecuencia, he dejado de lado hilo y aguja, unas veces por necesidad, otras por afición. Agradezco a mi abuela su empeño en qué aprendiera a coser. Un poco más tarde llegan los pinceles, una pequeña afición que como tantas otras ha llenado mi vida de colores. Soy de las que cuando tengo ocasión me pierdo horas entre cuadros. Y ahora, después de una vida entera, y un año en off, cuando menos me lo espero llega a mi vida , un año después de esa propuesta descabellada.

Hace unas semanas, después de pintar y coser una bolsa para hacer un regalo, sentí que aquello me había hecho feliz, y que podría ser el momento para intentar la descabellada propuesta de crear bolsas estampadas por mi. Así nace , aún con hilvanes, en mi corazón.

*según la siempre agradecida visión de mis hijos.

poniéndo-me-te al día

La semana empezó bien, la seguí dando vueltas y la continué intentando mantener todo en su sitio. Hoy he salido a andar y el mundo me ha parecido demasiado grande, puede que incluso abrumador, es lo que tiene después de muchos días acostumbrada a las distancias cortas. Aún y así todo va bien, la espalda después de meses empieza a regalarme olvido, y aunque no voy a enumerar de muchas otras nuevas dolencias, soy feliz, a mi manera.

Me voy acostumbrando a la dieta, aunque más que nada a las horas de cocina que me alejan de aquellos proyectos que mi cabeza construye. Esta semana por fin he podido terminar la cartera para las tarjetas, que pedían a gritos en medio del caos que era la anterior. La economía doméstica llega para más pero no para todo, y hay que crear para terminar de llenar el tarro de los básicos. Algún día habrá equilibrio, pero mientras puedo decir que no hay nada que me llene más que el camino hacia él.

He decidido no renovar mi móvil, aunque sólo sirva para llamadas telefónica, suficiente para mi tarro de los básicos, suficiente para escuchar a las personas, mirar hacia arriba, y no hacia abajo, sin perderme ni un detalle del paisaje.

También he practicado el desapego, la desculpabilidad, el despreocuparse, el desaprender, el andar descalza. Todo mientras el universo nos regala una superluna.

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galletas de sésamos, canela y naranja o una tarde de sábado muy otoñal

 

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Mi mundo en la comida está cambiado, y cada mes que pasa menos me arrepiento de este nuevo camino, voy descubriendo con el paso de los meses lo que me sienta mejor, a la vez que me mantiene más viva, con más energía, con ganas de sentirme y verme guapa, por dentro y por fuera. Es mi otro mundo, paralelo a mí, a esta persona que también va cambiando con la suma de los días, y estas semanas lo noto más que nunca. Será el cambio de estación, donde todo muda. Yo también.

Representa más esfuerzo en la cocina, porqué los productos elaborados son carísimos, un abuso, como en el caso de la receta que he horneado hoy, nunca se me ocurre poner en la cesta de la compra una caja de galletas. ¡Así que si quiero galletas, hay que encender el horno!

Ingredientes:

180 grs de trigo sarraceno; 140 grs de concentrado de agave – 60 grs de concentrado de agave caramelizado; 60 grs de zumo de naranja; 90 grs de aceite de coco; 1 cucharadita de levadura química; ½ cucharadita de canela en polvo; una pizca de sal; 50 grs de semillas de sésamo.

Elaboración:

Hervid los 140 grs de concentrado de agave hasta que se vuelva de color caramelo y volcar encima una goma Silpat (si no disponéis, encima del mármol de la cocina). Dejadlo enfriar y, un vez frio, trituradlo. Poned en un bol 60 grs de agave caramelizado en polvo y lo mezcláis con la harina, la levadura, la sal y la canela en polvo. Mojadlo con el aceite de coco y el zumo de naranja. Amasadlo el punto justo. Estirad la masa sobre un papel de horno de un grosor de 3 mm. Cortad las galletas redondas con un cortapastas. Retirad los retales, volverlos a amasar y repetid la misma operación. Esparcid sésamo sobre las galletas y pasad el rodillo suavemente por encima para fijar las semillas sin deformar las galletas. Hornead 25 minutos a 180º.

Fuente: ets el que menges (tuneada)

tiempo libre

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No tengo mucho tiempo libre, y hago muchas cosas, aunque se me escapa el poder escribir más a menudo, dejar mis huellas impresas aquí, y cuando termina el día es lo único que extraño, no haber cogido ni el lápiz ni la cámara. Los días de a diario el despertador suena pronto, y las mañanas pasan rápido volando. Ya invierto tres tardes a la semana a ir a clase de Pilates a cuidarme, sin contar caminatas ni innumerables baños de agua caliente y sal marina, dos a acompañar a M. y su rodilla al fisioterapeuta, a la expectativa de la próxima visita al traumatólogo de la rodilla de G. A las plantas no les faltan mimos ni abono, este otoño tan primaveral les está sentando de maravilla, y mi salud hormonal va viento en popa, aunque ahora las comidas las cocine doble y me pase más horas entre fogones.

 Hoy por fin he arañado unos minutos a tanto tiempo libre y he podido contarte que es hoy de mí, ya un poco más distinta bajo esta piel que un día habitaste.

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recuerdos digitales

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Estos días, organizando mi espacio digital, extraño, una parte de ti, o todas de mí, en ese extraño mundo submarino del callejón sin salida. Necesito hacer copias de seguridad, antes que deje todo de funcionar, subirme a la nube, esa que me ha mantenido suspendida y de la que ahora no quiero volver a bajar, sólo un rato, liarme entre tus sábanas y salir pasado mañana.

Pero hoy necesito parar, leer, cocinar, sumergirme en la bañera salada, y gritar, dejar de mirarte, al pasado, la vida en fotos y letras dentro un disco duro que funciona cuando quiere.

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